Vivir y no sólo existir

Por Melissa Núñez| El Salvador

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Las elecciones, la incompetencia, la burocracia,  el tráfico, el trabajo, las dificultades de la vida, el calor, las carencias y lo caro que está todo. La familia, los compromisos, nuestros colegas y hasta los vecinos. Que horror, todo parece un peso algunas veces, o muchas veces, o siempre. Solo los fines de semana, los tragos, las salidas y el descanso nos desestresan.

¿Pero se puede vivir así? ¿Esperando que sea viernes, esperando que sea día de pago, esperando que sea vacación, o por lo menos asueto? ¿Y es que acaso hay algo más? ¡O es que encima está mal el disfrutar de mi dinero, mi descanso y mis amigos!

Lo que pasa es que la vida sí es un rollo, las responsabilidades pesan, servir cuesta, la convivencia cansa y a eso hay que agregarle el poco esfuerzo que ponen otros o que damos nosotros. Ahora un pero: eso es parte de la vida, son las dos caras de la moneda. ¡La vida no es solo las mariposas y los arco iris y las buenas noticias! ¡el dinero, el placer, y las risas! No se trata de sufrir porque nos gusta como los emo, estamos hablando de vivir la vida plenamente: para nosotros y para los demás; en el presente con lo aprendido en el pasado y hacia adelante; física , intelectual, y espiritualmente; solos o con ayuda; con fuerzas o cayéndonos; con las circunstancias a favor o  adversas . Esa es una vida plena porque es completa y no evita, ni recorta nada. Hay cosas que podemos y debemos evitar, sobre todo si son injusticia o pérdidas de tiempo: podemos irnos por las calles con menos tráfico, votar por los políticos menos corruptos, y  suavizar  los conflictos con los demás. Lo que no debemos es huir de las dificultades de cada día, deprimirnos con los fallos de todos y los nuestros, ni mucho menos abandonar nuestra parte del sufrimiento sobrecargando el sufrimiento que otros ya tienen. Todos podemos y debemos llevar el peso que nos toca, por justicia y por la propia fortaleza. Ese mismo esfuerzo es el que nos capacitará a  enfrentar las nuevas dificultades.

Cuando la gente se casa, se prometen fidelidad en las buenas y en las malas, lo que muchos no piensan es que las malas son todos los días y con más frecuencia aparente que las buenas.

¿Y entonces qué sentido tiene levantarse todos los días como en el Día de la Marmota para volver a hacer lo mismo de día anterior sin que nada extraordinario pase? Como dice el filósofo José Pedro  Manglano,  “No es lo mismo, cada día es similar pero  no es lo mismo. Igual que el pan que me comí ayer no es el mismo pan de hoy. Este es el de hoy aunque es igual al de ayer, es otro pan. El de ayer ya me lo comí. No puede ser el mismo.” Lo que se hace cada día es importante para alguien,  mi trabajo es un servicio para un cliente, nuestro ceder el paso es una oportunidad para el conductor o peatón, nuestra palabra es útil a quien la recibe, y nuestra presencia hace bien a otro, nuestros favores le ayudan a uno más y así todos cooperamos para el bien del resto, en el campo que sea.

Mi mensaje no es idealista, simplista y mucho menos hippie, pero tampoco  es emo, mártir o peor, sermón.  Se trata de vivir plenamente, no solo existir, que es una reducción y un conformismo mal sano. Pasar los días esperando a jubilarse o ser rico, o  por lo menos querer vivir tranquilo por no decir mediocre, es una pérdida de tiempo y una injusticia para los demás. Hay que vivir con las alegrías y las penas que la vida conlleva para de verdad asumirla y hacerla propia. Eso es vivir, lo otro sería solo existir.

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