Los medios de comunicación como instrumento de ideologización

Por: Fernando Colocho | El Salvador

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“En el fondo, la ideología tiene un poder de persuasión indiscutible. El discurso ideológico amenaza anestesiar nuestra mente, confundir la curiosidad, distorsionar la percepción de los hechos, de las cosas, de los acontecimientos”. – Paulo Freire.

He hablado anteriormente acerca del concepto filosófico de una ideología como un instrumento de enmascaramiento de la realidad. Puede consultarse al respecto mi columna: “Sapere Aude: Atrévete a Pensar”.

Para tener una correcta interpretación de la palabra ideología, la definiré como magistralmente lo hizo el filósofo español y rector mártir de la UCA, Ignacio Ellacuría: “Cuando se habla de la ideología de un determinado autor lo que se entiende, en una primera aproximación, es el conjunto más o menos sistemático de ideas que ese autor expresa. Pero desde Maquiavelo para acá se ha insistido cada vez más en el carácter subjetivo de los sistemas ideológicos, que tras su intento de representar lo que es la realidad lo que podrían estar haciendo es encubrirla, en beneficio de determinados intereses personales o sociales”. (Ellacuría, 1976)

Es evidente que los medios de comunicación tienen influencia. Para muchas personas, la verdad está determinada por lo que aparece en la primera plana de un periódico, para otras, los acontecimientos más importantes del mundo se resumen en los titulares de un noticiario. La influencia de los medios no reside en su calidad, sino en su alcance. Personas de todas las edades y estratos sociales tienen acceso a ellos cada mañana, por ende, la información que se presenta, cómo se presenta y en qué momento se presenta, es capaz de incidir en la opinión colectiva de un país.

El conflicto comienza cuando los medios de comunicación, que ostentan el poder silente de moldear la opinión pública en favor o detrimento de los personajes que a su conveniencia interesen, comienzan a describir los hechos plagados de sus propias estructuras mentales respondiendo a líneas claramente determinadas por los directores de la orquesta.

Para respaldar mi punto, cito el credo oficial de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) adoptado en su Asamblea General de 1950: “Informar con exactitud y con verdad; no omitir nada de lo que el público tenga derecho a conocer (…) desechar los rumores, los “se dice” o “se asegura” para afirmar únicamente aquello de que se tenga convicción afianzada por pruebas y documentos; considerar que es preferible la carencia de una noticia a su publicación errónea o injustificada; cuidar de que en las informaciones no se deslice la intención personal del que la redacta, porque ello equivaldría a comentar, y el reportero o cronista no debe invadir lo reservado a otras secciones del diario”. (Fragmento del discurso de Ezequiel Paz, director y editor de “La Prensa” de Buenos Aires en el 56° aniversario de “La Prensa”, el 18 de octubre de 1925)

Un medio de comunicación respetable deja de serlo cuando se le asocia con una determinada ideología partidaria.

En la actualidad, somos capaces de identificar al menos un periódico y un canal de televisión claramente alineado con una ideología particular. Sea derecha o izquierda. A dichos medios les animaría sinceramente a cerrar sus operaciones, vender todos sus activos y dedicarse a otra cosa. Han traicionado su noble labor de comunicar la realidad, por tanto, no valen ni el papel en el que se imprimen ni el tiempo en que se transmiten.

Con el auge comunicacional que la era digital nos trajo, no tenemos dependencia de ningún medio escrito o televisivo para informarnos. Resulta burdo y constituye un insulto al intelecto leer noticias con clara propaganda gubernamental. Vamos al otro extremo con la derecha, encontrando noticias evidentemente tendenciosas, amarillistas y ofensivas para todo el mundo menos para su jefe editorial. En este espacio, me permito recomendar que nadie deje que subestimen su inteligencia. Con la Segunda Guerra Mundial murió el paradigma de que la población cree ciegamente lo que escucha. Ya no más. No en El Salvador. Menos con nosotros los jóvenes.

Leamos, cuestionemos, critiquemos pero también propongamos. Si no hay medios que nos informen objetivamente, busquemos nuevas fuentes de información. Si no hay partidos que representen nuestro pensamiento, dejemos de preservar el poder para los que llevan años abusando de él. Sería una verdadera ironía que en el momento donde existe tal multiplicidad de fuentes de información disponible para nosotros, sigamos repitiendo obedientemente lo que otros quieren que digamos y pensemos.

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