Adultos mayores, discapacidad y aborto

Por: Alexander Kellman, voluntario provida con discapacidad visual, abogado especializado en derechos humanos.

“Cuando se creía que ya el mundo era solo para los millennials o centennials, ¡Aparecemos los perennials!.” –  Ana María Herrarte

Con el envejecimiento de la población, ¿Qué papel juegan las estrategias colonialistas  tales como la Ideología de Género?. Actualmente se ha dado una inversión de la pirámide poblacional debido al aumento de la esperanza de vida, se implementan políticas de reducción de la natalidad mediante la contracepción y aborto, se promueve la legalización de procedimientos de eutanasia pasiva y activa que nos privan de derechos y libertades fundamentales en distintas etapas de nuestra Vida.

El Instituto Español de Política Familiar destaca que el aborto es una de las causas de la inversión de la pirámide poblacional; junto con el envejecimiento de la población, entre otras causas, provoca el nacimiento de menos personas en relación con las que mueren.

Escribiendo este Ensayo a días de finalizar el Mes del Adulto Mayor recordaba las conversaciones con mi padre en las que compartía sus experiencias y anécdotas. Luego, al ir escribiendo pensé en las personas adultas mayores viviendo solas en asilos. Las que viven, comen, duermen y mueren en las calles de nuestras ciudades, abusadas sexual, económica y psicológicamente; abandonadas o con su familia viviendo en pobreza extrema. Personas vulnerables echadas a la calle como objetos descartables; seres Humanos con dignidad, derechos y libertades fundamentales que deberían ser respetados y cuidados por la Familia, la Sociedad y el Estado.

Salvadoreños “desechados”, carentes de sus necesidades básicas; olvidados después de aportar con su esfuerzo al proceso de desarrollo nacional; del apoyo y amor que le dieron a sus familias; en muchas ocasiones, vidas llenas de sacrificios; llegando al final de sus Vidas sin ser recompensados. En el Siglo XXI, para políticos y personas (sobre todo jóvenes y adultos contemporáneos), la participación y relevo generacional que merece la juventud implica hacer de lado a gran parte de las pasadas generaciones ignorando su experiencia y experticia.

Tristemente, por parte de nuestra sociedad y nuevas generaciones simpatizantes de ideologías animalistas con presencia política y mediática, hoy vale más un animal herido y en la calle que un adulto mayor enfermo, en situación de abandono e indigencia.  Igualmente, la política estatal sigue un modelo asistencialista que beneficia a una minoría, olvidándose de la mayoría de adultos mayores; ausencia que organizaciones religiosas y privadas tratan de cubrir, por la falta de medidas para atender a toda la población adulta mayor con y sin discapacidad.

En el Estado poco o nada se piensa en ¿Qué pasa con los salvadoreños cuando llegan a una edad avanzada o al último ciclo de vida del ser humano teniendo una discapacidad congénita o adquirida?; cuando sus enfermedades, con la edad se convierten en discapacidades visuales, auditivas, físicas y mentales. Este cuestionamiento al Gobierno (sin quitarle responsabilidad a la familia y sociedad) desea recordar que las personas en pobreza relativa y pobreza extrema, junto al nivel de desempleo real, conforman más de la mitad de la población total sin acceso a los servicios básicos.

Tratándose de personas adultas mayores, hace falta de acceso universal a la salud en las especialidades de geriatría y otras según su enfermedad y discapacidad, alimentación balanceada, servicios de rehabilitación, pensión mínima, vivienda y a tener una Vida digna.

Con esta realidad duele saber cuál es el futuro de las personas adultas mayores con y sin discapacidad sobreviviendo en situación de pobreza severa; en indigencia y soledad. Sentir como las experiencias y vivencias se desperdician; tanta historia perdida que podría fortalecer nuestros valores nacionales y culturales fuertemente atacados por una sociedad global deshumanizada, materialista y hedonista que desea eliminar a personas y la sabiduría o vivencias de hechos históricos adquiridos por diferentes generaciones. Poseedores de una memoria histórica marcada por las épocas en las que vivieron, carencias o recursos que tuvieron y participación en los lugares y cultura en la que nacieron ¡No son “Viejos inútiles”! de los que se debe prescindir; seguramente con una futura Ley de Eutanasia como algunos quieren hacer con el asesinato de niños por nacer!.

Por desidia o imitación, se ha ido perdiendo la verdadera memoria histórica y sabiduría acumulada de generaciones que podrían reforzar nuestra identidad nacional que muchas personas, organizaciones y gobiernos, que junto a sectores ideologizados quieren redefinir la historia, han ido desdibujando la verdad para que nuevas generaciones se sumerjan en el chovinismo de una sociedad posmodernista y sincretista, sin principios ideológicos, religiosos y morales.

No tenemos que perder la identidad nacional uniformándonos como simples copias de otras culturas; nuestros principios y valores no negociables, complementan el proceso de desarrollo económico y social de este país de contrastes estructurales que navega entre vientos de pocos recursos, mala distribución de la riqueza, altos niveles de pobreza y desempleo; barco que se niega a naufragar entre tormentas de polarización, corrupción, migración, delincuencia y violencia.

Si queremos crecer como nación, debemos desechar las malas experiencias de antaño, valorando y aprendiendo de los buenos y exitosos logros del pasado; modernizados por las nuevas generaciones en un necesario relevo generacional; sociedad y población que deben progresar sin abandonar sus raíces e historia. Por las vivencias de los adultos mayores podemos conocer cuáles fueron los errores cometidos para poder rectificar; de dónde venimos para llegar a donde queremos llegar; son sus conocimientos los que nos pueden acercar a la realidad nacional en la que vivimos y avanzar hacia su superación; son los diarios, libros o textos vivientes a los que podemos y deberíamos recurrir.

No sólo las nuevas  generaciones pueden aportar al anhelado desarrollo nacional, éste debe contar con la conjunción intergeneracional; la juventud y el pensamiento fresco se alimentan y desarrollan con la participación de la experiencia acumulada que sólo dieron los años a las pasadas generaciones.  En su mes, se debe reconocer, principalmente por las nuevas generaciones, que a nuestro país le falta mucho por valorar y aprender del tesoro conformado por la sabiduría, experiencia y vivencias que sólo aportan los adultos mayores con y sin discapacidad.

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