El valor de la amistad

Por: Ilsse Choto | El Salvador

amistad

“Me tendiste tu mano cuando más lo necesitaba. Tu gesto fue tan elocuente que por primera vez entendí lo que era un amigo/a sin que hicieran falta palabras.”

Sin duda la amistad es un valor universal. Como humanos, está claro que difícilmente podemos sobrevivir en la soledad y el aislamiento debido a que necesitamos a alguien en quien confiar, a quien llamar cuando las cosas se ponen difíciles y también con quien compartir buenos momentos. Este valor forma, entonces, una parte muy importante de nuestras vidas. Por lo tanto, lo debemos conocer y cuidar como uno de los tesoros que Dios nos ha dado.

Las amistades se pueden formar en cualquier etapa cronológica de la vida y suelen comenzar de imprevisto. Por ejemplo, muchas veces aparecen sin buscarlas y se terminan por convertir en una de las relaciones humanas más hermosas que podemos poseer. De hecho, la verdadera amistad muchas veces no solo origina simpatía hacia la persona que se conoce sino que también genera empatía hacia ella. Ello implica la capacidad para comprender y para compartir alegrías y tristezas. Es simplemente una forma de crecer mutuamente, pues compartir diversos momentos con nuestras amistades es una de las formas que nos ayuda a expresarnos.

Una de las razones por las cuales los amigos se vuelven tan importantes es porque estos se convierten en las personas que en todo momento están contigo (en las buenas y en las malas) pues “sufren cuando tú sufres y se alegran cuando tú te alegras” Es decir, los amigos siempre nos brindan su apoyo. Cabe, por lo tanto, recordar con frecuencia que la verdadera amistad se cultiva pues es como una planta que debemos abonar para que se mantenga viva. Desde mi punto de vista, la amistad se basa en la mutua confianza pues el objetivo de la misma es ayudar y comprender al otro. Por lo tanto, el respeto va ligado con este valor.

Las verdaderas amistades son aquellas que con el paso del tiempo aprendes a valorar, que te enseñan a ser mejor y que son incondicionales pues para estas no existe ningún desenlace. Como reza una famosa expresión, “la verdadera amistad es como el mar, se ve el principio pero no el final.” Y no queda duda, puesto que la amistad con cada prueba o dificultad se  fortalece, y los amigos/as se vuelven un complemento en nuestra vida.

Una relación de amistad avanza poco a poco, pero a medida que lo hace ambas personas recurren a la otra, se aconsejan, ríen, llorar y se vuelven grandes confidentes.

Considero que la sinceridad, la generosidad, la comprensión y el afecto mutuo son los pilares fundamentales sobre los que se construye una amistad que se va consolidando con el tiempo.  La amistad abarca la lealtad y confidencialidad y logra crear una sinceridad mutua. “A veces lo miras a los ojos, a veces sientes su presencia, sin embargo, el amigo no es la persona que vez, es la persona que sientes.” Debido a que  muchas personas aparecen en nuestras vidas y se quedan en nuestros corazones, depende de nosotros el poder conservarlas realmente. Recuerda,“la amistad anima el alma y estimula el corazón”.

“La vida no es nada sin amistad”, pues esta es un ingrediente básico de la verdadera felicidad. De todas las cosas que el saber dispone para hacer completamente feliz a una vida, la mayor de todas es la posesión de una amistad.

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