La Fortaleza

La Fortaleza

Una persona que posee la virtud de la Fortaleza, en situaciones ambientales perjudiciales logra una mejora personal, resiste las influencias nocivas, soporta las molestias y se entrega con valentía en caso de poder influir positivamente para vencer las dificultades y para acometer empresas grandes.

¿A quién tenemos nosotros por hombre fuerte, hombre valiente? De ordinario esta palabra evoca al soldado que defiende la patria exponiendo al peligro su incolumidad y hasta la vida en tiempo de guerra. Pero, a la vez, nos damos cuenta de que también en tiempo de paz necesitamos fortaleza. Y por ello sentimos estima grande de las personas que se distinguen por lo que se llama “coraje cívico”.

Un testimonio de fortaleza nos lo ofrece quien expone la propia vida por salvar a alguno que está a punto de ahogarse, o también el hombre que presta ayuda en las calamidades naturales: incendios, inundaciones, etc. También pensamos con admiración asimismo en los hombres que escalan las cimas del Everest o en los astronautas, por ejemplo en los que pusieron el pie en la luna por vez primera.

Como se deduce de todo esto, las manifestaciones de la virtud de la fortaleza son abundantes. Algunas son muy conocidas y gozan de cierta fama. Otras son más ignoradas, aunque a menudo exigen mayor virtud aún. Como ya hemos dicho al comenzar, la fortaleza es, en efecto, una virtud, una virtud cardinal. Permitidme que atraiga vuestra atención hacia ejemplos poco conocidos en general, pero que atestiguan en sí mismos una virtud grande, a veces incluso heroica.

Pienso, por ejemplo, en una mujer, madre de familia ya numerosa, a la que muchos “aconsejan” que elimine la vida nueva concebida en su seno y se someta a una “operación” para interrumpir la maternidad; y ella responde con firmeza: “¡no!”. Ciertamente que cae en la cuenta de toda la dificultad que este “no” comporta: dificultad para ella, para su marido, para toda la familia; y, sin embargo, responde: “no”. La nueva vida humana concebida en ella es un valor demasiado grande, demasiado “sacro”, para que pueda ceder ante semejantes presiones.

Otro ejemplo: Un hombre al que se promete la libertad y hasta una buena carrera a condición de que reniegue de sus principios o apruebe algo contra su honradez hacia los demás. Y también éste contesta “no”, incluso a pesar de las amenazas de una parte y los halagos de otra ¡He aquí un hombre valiente! Muchas, muchísimas son las manifestaciones de fortaleza, heroica con frecuencia, de las que no se escribe en los periódicos o de las que poco se sabe. Sólo la conciencia humana las conoce… y ¡Dios lo sabe!

Deseo rendir homenaje a todos estos valientes desconocidos. ¡A todos los que tienen el valor de decir “no” o “sí” cuando ello resulta costoso! A los hombres que dan un testimonio singular de dignidad humana y humanidad profunda. Justamente por el hecho de que son desconocidos merecen un homenaje y reconocimiento especial. La virtud de la fortaleza se encuentra en el hombre: -que está dispuesto a  afrontar los peligros; -que está dispuesto a soportar las adversidades por una causa justa, por la verdad, por la justicia, etcétera.

La virtud de la fortaleza requiere siempre una cierta superación de la debilidad humana y, sobre todo, del miedo. Porque el hombre, por naturaleza, teme espontáneamente el peligro, los disgustos y sufrimientos. Por eso hay que buscar hombres valientes no sólo en los campos de batalla, sino también en las salas de los hospitales o en el lecho del dolor. Hombres tales podían encontrarse a menudo en los campos de concentración y en los lugares de deportación. Eran auténticos héroes.

El miedo quita a veces el coraje cívico a los hombres que viven en un clima de amenaza, opresión o persecución. Así, pues, tienen valentía especial los hombres que son capaces de traspasar la llamada barrera del miedo, a fin de dar testimonio de la verdad y la justicia Para llegar a tal fortaleza, el hombre debe “superar” en cierta manera los propios límites y “superarse” a sí mismo, corriendo el “riesgo” de encontrarse en situación ignota, el riesgo de ser mal visto, el riesgo de exponerse a consecuencias desagradables, injurias, degradaciones, pérdidas materiales y tal vez hasta la prisión o las persecuciones. Para alcanzar tal fortaleza, el hombre debe estar sostenido por un gran amor a la verdad y al bien a que se entrega.

Uno de los grandes defectos de nuestro mundo es la debilidad de voluntad. Las personas parecen que están vacunadas contra todo tipo de esfuerzos; el placer, la comodidad, los caprichos, la superficialidad, el desorden son la ley. Todo parece hacernos ver que la fortaleza de la voluntad cada día está más escasa.

Cuando hay un problema conyugal, lo más fácil es destruir el matrimonio. El divorcio se presenta como una salida muy práctica y atractiva. Los niños y los jóvenes huyen de cualquier esfuerzo. El placer sexual es ahora lo más importante para muchos. ¿Por qué tanta debilidad? ¿Por qué tanto miedo al esfuerzo?

¿Cómo es una persona que vive la virtud de la Fortaleza?

Se considera que una persona es fuerte, que vive la virtud de la Fortaleza, cuando en situaciones que puedan atentar contra su propia persona, resiste las influencias perjudiciales, soporta todas las molestias que encuentra y se entrega con valentía para vencer las dificultades y para acometer empresas grandes.

La virtud de la Fortaleza hace a la voluntad férrea, de acero, inflexible ante las dificultades, las tentaciones, los desánimos y problemas, grandes o pequeños de la vida de todos los días. La convierte en valiente para acometer, para atacar al enemigo.

¿Por qué la Fortaleza te ayuda a resistir las dificultades?

Decíamos que una persona que vive la virtud, en primer lugar, resiste las influencias perjudiciales, soporta todas las molestias que encuentra. Esta es la primera faceta de la virtud: resistir las dificultades, soportar las molestias. ¿Cuántas personas hay que no son capaces de soportar ni la más pequeña molestia? ¿Cuántos habrá que no resistan las influencias que les hacen daño? ¿Por qué sucede esto? Simplemente, porque no han cultivado en sus personas la Fortaleza de espíritu. La voluntad, debilitada, cae fácilmente ante las dificultades, por más pequeñas que sean.

El que no está acostumbrado al esfuerzo, difícilmente podrá resistir las dificultades de la vida.

¿Qué es lo que nos propone el mundo de hoy ante las dificultades, por ejemplo, en el matrimonio? Basta que veamos algunas películas o telenovelas y podremos observar que, ante las dificultades propias de un matrimonio, la solución más fácil y cómoda es destruirlo. Irse con otra. Olvidar y rechazar cobardemente el compromiso contraído libremente. ¿Por qué se da esto? Por la debilidad de voluntad, por la pobreza de la vivencia de la Fortaleza en las personas.

Para resistir a los embates de las olas, es necesario ser fuerte. Para resistir los dolores que crea una enfermedad, hay que ser fuerte. Para resistir ante los cambios de humor, de estado de ánimo, hay que ser fuertes.

¿Cuántas veces has caído ante un mal humor? ¿Cuántas veces has perdido el control personal por falta de Fortaleza? ¿Cómo has herido a los demás porque no has sabido ser fuerte y dominarte a ti mismo? ¿Cuántas veces no has tenido el valor de responsabilizarte de las consecuencias de tus decisiones? ¿Cuántas…?

La virtud de la Fortaleza en su aspecto de resistir no se da gratuitamente. Hay que irla formando, día a día, desde pequeños. Empieza hoy mismo, contigo, dominándote en pequeñas cosas que exijan un esfuerzo: Levantarte inmediatamente, arreglar bien tus cosas, privarte de algún capricho, ser paciente con tus hijos, dar gusto a tu cónyuge, no dejar las cosas fuera de lugar.

En fin, un sinnúmero de pequeñeces que irán poco a poco construyendo en ti la virtud de la Fortaleza, como aquel albañil que, ladrillo a ladrillo, construye una hermosa casa.

Fatigas, esfuerzos y constancia darán como fruto la vivencia de la virtud. Recordemos que, humanamente, la persona que quiere ser madura y cumplir con su fin natural de crecer como tal, necesariamente ha de ser dueña de sí misma, dueña de sus decisiones, señora de sus inclinaciones e instintos. El niño busca siempre cumplir sus caprichos porque todavía no forma la virtud de la Fortaleza.

Pero ¿un adulto? ¿Un adulto puede ser esclavo de sus flojeras, de sus enojos, de sus iras y malos humores? Si no posee una fortaleza personal que resista estas dificultades, nunca llegará a ser verdaderamente adulto.

Resistir, el gran reto del hombre ante las dificultades. Dificultades internas, que le nacen desde adentro por el egoísmo, por amarse a sí mismo. Dificultades externas, que la vida nos presenta todos los días: encontrar el sustento, conservar lo que se tiene, estudiar, mejorar…

Si quieres que tus hijos triunfen en la vida,  que resistan las molestias de sus propias vidas, ayúdales a que se ejerciten diariamente en la formación de la virtud de la Fortaleza, en su primer forma: RESISTIR.

¿Por qué que la Fortaleza nos ayuda a acometer?

En muchas ocasiones pensamos que la fortaleza se limita en soportar las molestias que se nos presentan. Sin embargo, ella es importante para entregarse con valentía para vencer las dificultades y acometer acciones y empresas grandes.
La pereza, la flojera, hay que vencerla con esfuerzo, con entusiasmo, con decisión. Obtener algo mejor para la casa, sin duda que cuesta esfuerzo.

Únicamente el fuerte ha de ser capaz de lograrlo. El esfuerzo es su medida. No basta soportar las dificultades, hay que acometer con valentía y decisión ante estas contrariedades. ¿Cuántas horas y horas de esfuerzo se requieren para enseñar algo a los hijos? ¿Cuánta paciencia hay que tener para construir esa casa sobre piedra? ¿Cuántos años se han de dedicar para sacar adelante los estudios de primaria? El fuerte, el que sabe acometer ante estas dificultades saldrá victorioso. El que se decida a remar en su lancha y cruzar el mar, necesitará de mucha fuerza y constancia para llegar a un puerto seguro.

Para formarse en la Fortaleza, es necesario esforzarse valientemente. Para lograr que tu familia sea una auténtica familia, no basta resistir las dificultades, hay que enfrentarse a ellas, tomar al toro por los cuernos, y ponerse a trabajar para que cada día tu hogar mejore.

Las grandes batallas se ganan luchando. Quien se siente a contemplar al ejército enemigo, jamás podrá vencerlo. El que quiera ser mejor, tendrá que esforzarse por serlo. El niño que quiere sacar un diez, habrá de esforzarse. El marido que ame a su esposa, habrá de esforzarse por darle a ella lo mejor. La esposa que ame a su marido buscará, de igual forma, todo aquello que lo haga feliz

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