La defensa de la vida

Por: Ismael Fuentes | El SalvadorLa defensa de la vida

El mundo actual nos exige que vayamos cada vez más deprisa para que vivamos sumisos en una rutina monótona muy bien ensayada. Levantarte de mala gana deseando cinco minutos más en la cama, desayunar lo que sea acompañado de café, sobrevivir a tu estresante trabajo por ocho tediosas horas al día, volver a casa a ofrendarle tus últimas horas del día a la señora televisión, luego prepararte para mañana y hacer exactamente lo mismo de nuevo.

Somos eso o al menos eso nos han hecho creer que somos, es eso en lo que nos han convertido, en lo que nos hemos convertido. Nos vemos constantemente influenciados por miles de cosas a la vez por medio del boom que han alcanzado los medios de comunicación y las redes sociales. En esta época resulta que no eres nadie si no subes un selfie cada hora a una red social, eres una abominación de ser humano si no cubres tu cara con incontables capas de maquillaje para ocultar lo innombrable: las imperfecciones.

Eres un retrasado social si no te pones a dieta para verte siempre delgado y un fanático conservador si no estás a favor de la “new age”, si no ves como normal el sexo desenfrenado (eso sí, siempre con condón), eres un machista insensible si no consideras el ‘derecho a abortar’ en las mujeres, eres un ser deprimente aburrido si no te aventuras a explorar algo más allá de tu matrimonio de vez en cuando… Eso eres o al menos es esa mentalidad la que te quieren imponer.

¡No lo permitas!

Vivimos en un mundo, donde los problemas reales van más allá de tener acné,  pesar 80 kilos o tener la cabeza llena de sexo.

La defensa de la vida no se detiene en el aborto, no se detiene en la pena de muerte ni en la eutanasia, la defensa de la vida trasciende más allá de eso.  En un mundo cada vez más convulsionado, la defensa de la vida empieza con llevar una vida sencilla, al servicio de los demás, no buscando protagonismos ni encajar en un estereotipo social, sino teniendo firme convicción de que las cosas buenas nunca pasarán de moda.

Pasar tiempo de caridad con la familia, sonreír a la persona que camina a tu lado, ceder el asiento en el autobús a quién lo necesite, sentir todavía un poco más de sensibilidad por las miles de personas que mueren a diario por causa de su fe, a quiénes les roban lo que tienen por ayudar a otros.

La defensa de la vida es recuperar esas virtudes que por naturaleza caracterizan al ser humano desde sus tiempos más ancestrales y que hoy día muchas veces se nos olvida. Somos seres sociables, vivimos en sociedad, necesitamos de la compañía de los demás, somos seres necesitados de amor y de dar amor, somos seres imperfectos en búsqueda de la perfección que sólo se logra por medio de la experiencia de una vida enriquecida con valores.

La verdadera defensa de la vida, es hacerla significativa. De hecho estar dispuesto a ofrendar parte de tu tiempo, parte de tu energía y de tu vida misma, para ayudar a otro a que su vida también sea significativa. Es en esos pequeños detalles que pueden suceder a cada momento y en cualquier lugar del mundo es donde el valor de la vida alcanza su máxima plenitud.

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