La destrucción moral de nuestra niñez

Por: Héctor Menjívar

destrucción

En medio de la orgía de sangre y violencia sin sentido que vivimos a diario muy pocos reparan sobre la descarada manera en que las almas de nuestros niños están siendo destrozadas por la Ideología de Género.

En esencia lo que esta predica es la negación de Dios y de la condición natural del hombre como hombre o mujer pretendiendo establecer el “revolucionario” concepto del género como algo que es una simple elección y un derecho humano.

“On ne naît pas femme, on le devient” (mujer no se nace, se hace) dijo Simone de Beauvoir y, al igual que con Nietzsche, muchos pretendieron haber encontrado la forma de asesinar a Dios.

Según los arquitectos de la “nueva sociedad”, atea e igualitaria, las diferencias biológicas con las que la naturaleza nos doto a cada ser humano poco importan puesto que cada individuo está en la libertad de elegir el “rol” que desea representar dentro de la sociedad. Según ellos, decimos ser “hombres” o “mujeres” porque hemos sido obligados a hacerlo por una sociedad, patriarcal, machista y misógina y no porque Dios así lo haya decidido.

Los medios de comunicación promueven abiertamente las realidades más aberrantes de nuestros días como situaciones dignas de elogio y lo hacen en “horarios estelares” difundiendo series y películas, documentales incluso, que alaban la decisión de algunos “iconos” modernos de negar la obra de Dios expresada en su sexo y optar por hacer lo que les dio la gana y no lo que tenían predestinado biológicamente.

Para los defensores de esta aberración satánica a “las niñas y los niños” se les debe respetar el “derecho” a negar su propia naturaleza y para ello buscan el punto más débil de nuestras permisivas y pasivas sociedades: los centros de enseñanza, que dejan de serlo para convertirse en campos de alienación y confusión.

Mediante leyes absurdas y anti natura proveen a los cerebros más desquiciados, pero muy bien capacitados, de las herramientas para destruir la moral y decencia de la sociedad desde los primeros años de formación de los futuros ciudadanos.

Victimas del supuesto progresismo que suele acompañar el academicismo liberal muchos maestros e incluso religiosos caen en el juego y se convierten en cómplices de los destructores sociales promoviendo las corrosivas ideas de la Ideología de la Confusión aun en centros de educación cristianos católicos.

Personalmente he podido escuchar psicólogos, disertando en la capilla de un centenario y honorable colegio católico salvadoreño, sobre la necesidad de que las niñas experimenten con su sexualidad antes del matrimonio y que los varones ”adopten un rol” hasta después de estar seguros de sus “preferencias de género”.

He leído, entre la incredulidad y el asco, algunos materiales de estudio de “Orientación para la Vida”, materia obligatoria en nuestros planes de estudio de bachillerato, cuyo contenido podría definir como un “manual de masturbación” al que solo le faltaron las fotografías para ser una revista pornográfica.

Solo Dios sabe a qué se refirió un funcionario público que la semana pasada declaro que era necesario legislar por el “reconocimiento de la identidad de género” pero de lo que si estoy absolutamente seguro es que cuando hablan de “Reformar la currícula (planes de estudio) para incluir contenidos sobre diversidad sexual” están hablando de arreciar los ataques a las almas de nuestros hijos.

“Casualmente” la semana pasada también el Lobby homosexual anuncio sus intenciones de buscar la modificación de la legislación de familia en lo relativo a las uniones no matrimoniales para obtener el reconocimiento civil de las uniones de convivencia entre personas del mismo sexo con lo que estarían iniciando, aunque digan lo contrario, la búsqueda de la legalización del “matrimonio” homosexual.

Muchos huyen hablar de estas cosas porque lo habitual es que quien lo hace sea señalado de “homofóbico”, “conservador”, “retrogrado”, “anticuado, “derechista”, “misógino”, “homosexual asolapado” o en el peor de los casos se le acusa de ser “CRISTIANO”.

En lo personal me tienen sin ningún cuidado los epítetos que se me quiera endilgar porque es mayor mi interés por hacer la Voluntad de Dios que caer bien o ganar aplausos con mis posiciones y si escribo sobre el tema es lejos del odio o rechazo a las personas que sienten atracción por personas del mismo sexo, pero si con la más enérgica condena a quienes, manipulando minorías y pretendiendo hablar en nombre de ellas, quieren destruir el futuro de nuestro país con sus trasnochados y absurdos conceptos.

Es nuestro deber como padres cristianos defender a nuestros hijos de los ataques del Mal. Como maestros, educarlos para el bien en a los valores trascendentes que han hecho grandes las sociedades judeo-cristianas. Como ciudadanos, hacer valer nuestros derechos y vigilar siempre porque se respeten los de los más desprotegidos y vulnerables: NUESTROS NIÑOS.

“CUALQUIERA QUE HAGA TROPEZAR A UNO DE ESTOS PEQUEÑITOS QUE CREEN EN MÍ, MEJOR LE FUERA SI SE LE ATASE UNA PIEDRA DE MOLINO AL CUELLO, Y SE LE ARROJASE EN EL MAR” –  SAN MARCOS 9:42

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