Homofobia, discriminación e intolerancia

Por Juan Carlos Castro | El Salvador

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Ante el contexto de la reciente aprobación de los matrimonios homosexuales en Estados Unidos, al discutir el tema en televisión, redes sociales y periódicos, a las personas que no están a favor suelen llamarles: “homofóbicas” o también a veces “racistas”. Lo cierto es que muchas veces se utiliza el adjetivo para insultar más que para calificar correctamente a la persona.

Pero, en primer lugar las fobias son, según la Psiquiatría, un miedo irracional a un tipo particular de objeto, animal, actividad o situación que ofrece o no peligro real y que al estar expuesto al objeto de la fobia puede producir ansiedad extrema o ataques de pánico.

Entendemos entonces, a la homofobia como el temor irracional a las personas con atracción hacia el mismo sexo, según la RAE, una aversión obsesiva a estas personas. Si te han dicho que eres homofóbico debes cumplir al 100% esta definición. Tampoco hay que preocuparse, que te digan “homofóbico” no quiere decir que lo seas.

Los activistas del movimiento homosexual deben considerar que el rechazo a las posturas homosexuales  no es homofobia sino que es una opinión que debe ser respetada y calificada como competente, pues las bases de la convivencia humana son antropológicamente heterosexuales, están expresadas en la institución de la familia y del matrimonio estable.

La homofobia pareciera ser entonces un eufemismo utilizado para resaltar de manera deshonrosa que las personas no están de acuerdo con la homosexualidad. Están descalificando a este tipo de personas sin ningún sano juicio, lo que es en realidad un error, ya que realmente no se les teme a ellos como individuos  ni se siente una aversión hacia ellos. Sí se está emitiendo un juicio, pero no se está excluyendo a estas personas de la sociedad, sino simplemente no se comparte su manera de vivir su sexualidad ya que éstas se alejan mucho de lo normalmente establecido por la sociedad. De manera crítica pero respetuosa conviene más crear espacios claros para beneficiarios y no deteriorar las instituciones del matrimonio y la familia forzando a todos a aceptar leyes con valoraciones relativistas.

Discriminación parece ser también un concepto reconstruido para manipular la no aprobación de la homosexualidad y señalar negativamente a las personas u organizaciones que no están de acuerdo para cambiar la atención del contrario y mover el punto de debate.

En conclusión, la solución es argumentar con ideas. Lo que se debe evitar es, en primer lugar, los insultos, que van en contra de la dignidad de la persona misma, algunas veces hasta haciendo mofa de la otra persona para descalificarlo. En segundo lugar, la intolerancia que venga de donde venga, fácilmente se altera en violencia. Hacemos más daño a la sociedad si no demostramos respeto hacia los demás, instauramos una atmósfera combativa y no  contribuimos a la obtención de la paz, que nuestra sociedad tanto precisa.

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