El desarrollo de la conciencia

Por: Roberto Leiva |  El Salvador

Proponer el tema de la conciencia para una discusión, está claro, debe tener como premisa fundamental antes de, aclarar a cuál referirse.

La conciencia1

Conciencia, según la RAE:

(Del lat. conscientĭa, y este calco del gr. συνείδησις).

1. f. Propiedad del espíritu humano de reconocerse en sus atributos esenciales y en todas las modificaciones que en sí mismo experimenta.

2. f. Conocimiento interior del bien y del mal.

3. f. Conocimiento reflexivo de las cosas.

4. f. Actividad mental a la que solo puede tener acceso el propio sujeto.

5. f. Psicol. Acto psíquico por el que un sujeto se percibe a sí mismo en el mundo.

Retomando:

Llegó la hora de delimitar el preciado tema de la conciencia, a partir de las definiciones anteriores. Quiero centrarme en que más que dejar claro cualquier definición de ella, es necesario entrar en materia de qué quiero comunicar.

El conocimiento interior que tenemos por dentro, ese acervo que nos enciende las alarmas, las luces de alerta, que nos pellizca el pensamiento. Me refiero a esa conciencia, sí, que te dice qué está bien o mal, esa que no se la juega, que tiene la certeza, pasa que nosotros no siempre tenemos esa seguridad de lo que intenta decirnos.

Los actores que entramos en escena en el tema del desarrollo de la conciencia, somos todos, y algo está claro. Ignorar la conciencia, es dejar pasar toneladas de madurez y de buenas decisiones. Sí, así de claro y parcial, buenas decisiones.

El primer paso para tomar las riendas de la vida, lejos de cualquier paradigma de la psicología, empieza por hacer un repaso, de cómo tenemos la conciencia cada uno. Qué podemos cambiar, y qué no.

Silenciar la conciencia, está claro que solo trae lamentos; que si se superan estos o no, al final evitarlos no parece ser contemplado cuando se actúa así. Ignorar la conciencia conlleva a empaparse de inseguridad y miedo, ante un suceso novedoso, o rutinario, es un acto inhumano. Cuando lo haces, te estás negando la posibilidad de superar un obstáculo, por pequeño que sea. De vencer a la duda.

Una amiga me decía:

-“Mirá, creo que está saliendo la santurrona en mí”.

¿Y qué pasa? Le contesté.

-“Es que no sé, siento que esto no está bien”, sentenciaba.

Es ahí donde compruebo, en tan poco, que la conciencia está presente en todo ser humano. Independiente de su raza, nación, credo, está en todos, y a todos, esa que nos llama a propagar bienestar para los demás, y también para con uno.

Esa conciencia, estés donde estés, promueve en vos reflexión, inquietud, una necesidad de repensar las cosas, aunque sea al menos una vez. Diferenciar la conciencia, de los impulsos y presentimientos, es tema complicado al parecer. Pienso que podría definirlo esto:

La conciencia, por sí misma, genera siempre certezas. Cuando ésta entra en conflicto con nuestros deseos o intereses, es ahí, cuando la descalificamos, y por tanto, terminamos a veces, de forma injusta, dándole el atributo de presentimiento o corazonada, lo cual claramente, no es.

El desarrollo y fortalecimiento de la conciencia, no se logra, sino solo a través de tomarse el tiempo, de atenderla y de escucharla. Siempre aclara el panorama. Nada es excusa, ni los ambientes, los ritmos de vida, ni lo que se quiera poner en la mesa para intentar decir, que no se tiene tiempo para escucharla, al menos, una vez al día.

Si se deja pasar, esos llamados, esas voces interiores, que para nada enlazan directamente con el simple deseo, se está ante un descuido progresivo de la conciencia. Ignorarla, solo hará, que lo  lamentes después. Hay que hacer un segundo, y darle su espacio, no para ponerse a filosofar para siempre, sino para aprender a corregir el rumbo que uno quiere llevar.

La inconciencia no discrimina a nadie, y darle espacio, no hace más que producir miseria en el ser humano. Y miseria en toda su dimensión, no reduzcás a materialismos la palabra. La miseria conlleva, a la autodestrucción del ser humano. A desligarse de los valores universales, que por tantos siglos, siguen siendo objeto de discusión, de “ampliación”, y de aprobación o desaprobación por parte de nosotros.

La inconciencia, muchas veces se vale de exhaustivos razonamientos, pensamientos críticos y demás, para modificar la esencia de los valores universales, tan simples y tan difíciles de asumir y practicar.

Siempre ejercerá una presión interior la conciencia en cada ser humano. De nosotros depende escucharla y reflexionar. No es nada fácil ordenar los pensamientos, siempre están dispersos, en conflicto, o en acumulación. El reto está ahí. Aprender a reconocer las posturas de la conciencia que maneja en cada persona, no debe ser sino solo el primer paso para aprender a actuar, por el bienestar de los demás, y el propio.

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