Los retos de la familia frente a la cultura de la muerte

Por: Santiago Henríquez

La mayor riqueza que toda sociedad tiene es la de contar con la familia, esto se debe a que es la transmisora de vida y de valores y principios en la sociedad; sin embargo, el apogeo de la cultura de la muerte le impone fuertes retos a los cuales debe sobrevivir y son los siguientes:

La destrucción de su significado: en la cultura de la muerte actual, llamar “familia” a cualquier unión de personas del mismo sexo destruye la esencia y el valor de formar una a partir de la complementariedad que los sexos desempeñan en la sociedad y en la naturaleza. Cualquier vínculo entre personas del mismo sexo puede tener otro nombre, pero no se le puede denominar familia en razón histórica pues lo que conocemos como familia natural se ha mantenido en el tiempo y no ha cambiado por mucho que nos presenten otros modelos que intenten reemplazarla; y en razón natural porque solo las diferencias anatómicas, psicológicas, fisiológicas, roles y más permiten la complementariedad de hombre y mujer al formar su nuevo núcleo familiar. Por lo que cambiar su significado sería atentar contra ella y contra la sociedad misma.

La violencia en todas sus formas: desde la violencia intrafamiliar hasta la violencia social, y por qué no estatal, influyen fuertemente en la cohesión, la unidad, la psicología de los miembros y la sobrevivencia de la familia. Son muchas las familias que se separan porque uno de sus miembros es violento, tiene que migrar para buscar un porvenir mejor o existe un desarraigo de las raíces por tener que escapar de conflictos armados y evitar la muerte, aunque en el intento son muchas las familias que pierden uno o varios miembros por huir de la guerra sino es que todos mueren y así Ad Infinitum.

La crisis de principios y valores: frente al relativismo moral que propugna que los valores y principios de hoy no son los de antes cuando es todo lo contrario, las familias del mundo deben sobreponerse con un fuerte arraigo en sus principios como la libertad, no entendida como los progresistas creen que es, es decir, ausencia de obstáculos y reglas, eso sería libertinaje. La justicia, la verdad y otros principios. Valores como el amor, el respeto, la bondad, la unidad, la honestidad y otros deben ser aprendidos en las familias si quieren sobrevivir a la crisis de valores líquidos que las sociedades están pasando y donde reina la cultura del descarte muy similar a la cultura de la muerte.

Crisis de roles y de liderazgo en los núcleos familiares: aunado al punto anterior, hoy por hoy es común que los hijos sean los que controlen la mentalidad, las acciones y hasta el dinero de sus padres, esto se debe a la mala crianza que muchos niños han recibido y que por lo general es causada por una sobreprotección de padres que al no haber tenido lo que ellos si pueden darles a sus hijos provoca que los hijos se malcríen, creyendo que los padres están obligados a mantenerlos y a no regañarlos en caso de que sea necesario. Esto se asocia también a que los padres de familia no saben ser líderes en sus familias. Los padres no ponen sus energías ni dan su tiempo para criar a sus hijos, sino que viven en sus mundos y burbujas, por lo que pareciera que no quieren desempeñar el rol que libre y voluntariamente tomaron al decidir engendrar hijos.

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